martes, 17 de abril de 2012

Renovarse o morir

Esta es la primera entrada de un blog que comienza como el experimento de mi nueva vida.

Cuántos de nosotros habremos pensado que teníamos la vida resuelta ejerciendo la profesión que elegimos y viviendo con más o menos holgura, pero sin grandes sobresaltos. Bueno, pues muchos ya no vivimos asentados en esa seguridad. El mundo se ha convertido en un lugar incierto y con un horizonte negro y lejano, sobre todo en lo que a economía se refiere. En este escenario, podemos hacer dos cosas: sentarnos en un rincón a llorar y a sentirnos indignados por lo injusto de nuestra situación, o bien resurgir de nuestras cenizas, recoger lo que quede aprovechable y reinventarnos. Reinventarnos nosotros mismos y a nuestro negocio, ése que pende de un hilo.

Los optimistas definimos las crisis como oportunidades, como mínimo oportunidades de cambio. También los pesimistas deberían adoptar esta definición, más que nada porque no nos queda otra. Porque el lloriqueo por los rincones no debería ser una opción.

Mi caso es uno más entre los miles y miles que se han producido desde que comenzó este follón. Era yo una ingeniera feliz que vivía de mis colaboraciones freelance con empresas dedicadas a la construcción. Creo que no hace falta que cuente mucho más: en un abrir y cerrar de ojos, la construcción dejó de ser una opción. Y lo malo es que no sólo fue la construcción, sino que tras ella arrastró a buena parte del tejido productivo, lo que mermó terriblemente las posibilidades, las mías y las de tanta gente. Como yo soy una de ésas optimistas que mencionaba, decidí que no me sumaba al lloriqueo y comencé a estudiar. O más bien seguí, porque no es algo que haya dejado de hacer nunca. Sólo cambié de tema.

Busqué carencias en el mundo laboral, posibilidades de mejora, cuestiones en las que yo pudiera aportar algo, en principio en mi entorno más próximo, sin descartar ampliar el radio de acción según lo requirieran las circunstancias. Y observé que gran parte de las empresas parecen no tener muy claras cuáles son las fórmulas del éxito. Bueno, en realidad lo que observé fue que muchas empresas a mi alrededor se dirigen a toda velocidad hacia el abismo, y no precisamente por culpa de la crisis. Deficiencias de todo tipo: de gestión, de servicio, de promoción... están propiciando que empresas que podrían perfectamente como mínimo sobrevivir a esta época tan complicada, parezcan haber decidido suicidarse. Respeto a las que tengan sus motivos para hacerlo de forma consciente, pero me gustaría intentar ayudar a las que están perdidas y sólo se comportan de esa errática forma por desesperación.

Decidí pues sumar a mi experiencia en producción industrial y gestión de la calidad nuevas habilidades. He pasado los últimos años estudiando marketing online, diseño web y coaching, materias en las que sigo formándome, y espero ofrecer un servicio profesional, integral y low cost que ayude a las empresas en apuros a mejorar su situación.

Y puede que al fin y al cabo esta crisis no haya sido tan mala. Ya saben: lo que no mata, fortalece.